Video: El principio de autoorganización en el pensamiento de Edgar Morin
Edgar Morin viene a Lima. Estará el 25, 26 y 27 de junio. Dará una conferencia magistral en la Biblioteca Nacional sede San Borja el martes 26.
“Del tiempo que presento personajes del pensamiento, este es el más interesante para mi pero también el más complejo porque Morin es realmente un gigante del pensamiento en ciencias sociales y en epistemología”
Hugo Neira explica la teoría de la complejidad de Edgar Morin en tres partes.
En primer lugar, en este bloque: El concepto de autoorganización.
En las siguientes emisiones de Presencia Cultural Hugo Neira explicará El desorden como elemento para producir el orden en diversos campos del conocimiento y finalizará explicando la complejidad.
Si Ud. comprende francés reproduzca la siguiente entrevista a este pensador francés cargada por el usuario Lunatiq10qt a Youtube.
Desde hoy además Lo cholo en el Perú – 13, 14 y 19, 21 de Junio- , “Modernidad , poscolonialidad y ciudadanía” (Mujeres cholas, amor familia y trabajo) en la Biblioteca Nacional sede San Borja.
Yo, Edgar Morin
(en la revista avizora.com)
¿Quién soy? Mi singularidad se disuelve en cuanto la examino y, finalmente, estoy convencido de que mi singularidad procede de una ausencia de singularidad. Incluso tengo en mí algo mimético que me impulsa a ser como los demás. En Italia me siento italiano y quisiera que los italianos me sintieran participante en su actividad. El otro día, hablando a un auditorio de la Champagne, me sentí achampanado. Ah, sí, quisiera ser como ellos. Adoro estar integrado y, sin embargo, no soy por completo ni de unos ni de otros. Podría ser de todas partes, pero no por ello me siento de ninguna parte, he arraigado aquí. No me distinguen el ejercicio de un talento singular ni la posesión de una verdad admirable. Me distingo por el uso no inhibido ni rígido de una máquina cerebral común y por mi permanente deseo de obedecer las reglas primeras de esta máquina cognoscitiva: reunir cualquier conocimiento separado, contextualizarlo, situar toda verdad parcial en el conjunto del que forma parte. Mi capacidad de análisis es media, mi capacidad de síntesis también, pero nunca utilizo la una sin la otra. No sufrí la profunda marca de una cultura familiar, ni la de las evidencias impuestas por la educación. Así pues, mi domesticación superficial, mi débil imprinting, me convirtieron en una muestra representativa de humanidad, animada por las aspiraciones y contradicciones antropológicas, literalmente un hombre cualquiera. Dudo mucho, creo mucho. Tengo la impresión de que tengo pocos prejuicios, me siento abierto a ideas que se contradicen mutuamente y me percibo interiormente libre. ¡Qué buena es esta libertad que compensa tantas cualidades ausentes!
Escribí en otra parte que yo estaba animado por lo que el tao denomina el espíritu del valle, «que recibe todas las aguas que en él se vierten». Pero no me veo como un valle majestuoso; me veo más bien como una abeja que se ha embriagado libando de mil flores para hacer, con todos los pólenes distintos, una sola y misma miel. Hoy, considerando retrospectivamente mi andadura, veo que la ausencia de cultura es la fuente de mi cultura. Mi vacío cultural originario aspiró el aire de la curiosidad, el saber, lo imaginario, la búsqueda de la verdad, la búsqueda del bien, la elaboración de mis propias normas. Fui edificado por aquello de lo que sentía sed. Mi apertura omnívora mantuvo mi autodidactismo, que a su vez mantuvo mi apertura omnívora. A través de mi autodidactismo me descubrí, descubrí mis verdades contrarias. Cosa paradójica: mi curiosidad, que me singulariza con respecto a los normalizados, satisfechos o resignados, es lo que me convierte en un ser poco singular y relativamente indeterminado.
Comencé así mi andadura autodidacta a partir de la novela popular, del cine, de la canción. He dicho autodidacta porque éstos no conocen jerarquía y compartimentación a priori, y efectúan su selección en función de necesidades tan profundas como inconscientes. Por esta andadura sin camino accederé por mis propios medios a la cultura de los cultos. No siento ese desdén cultural de los intelectuales nacidos en las clases altas de la sociedad y que jamás pasearon por los grandes bulevares populares; siguen pareciéndome atractivas las cancioncillas, las novelas no reconocidas como literarias, las películas que no son de filmoteca y, hoy, las series televisivas. Cuando, hacia 1960 declaré que me gustaba el western, en Florencia, ante un areópago de intelectuales de izquierda, Lucien Goldmann indignado, corrió a la tribuna para explicar que el western era la peor de las mixtificaciones capitalistas, destinada a adormecer la conciencia revolucionaria de la clase obrera, y logró con aquellas lúcidas palabras una tempestad de aplausos.
He conservado las curiosidades de la adolescencia, he seguido interrogándome sobre las cuestiones primarias. He estado siempre atenazado por la interrogación, nunca he dejado de reinterrogar. El juego antagonista de mis aspiraciones contradictorias, la curiosidad por cosas muy diversas suscitaron una dinámica ininterrumpida que animó, desde el interior, la formación y el desarrollo de mi cultura y, finalmente, de mi filosofía de la complejidad. He hecho estudios diversificados y he adquirido una policompetencia. He seguido aprendiendo, más allá de los estudios, en la dirección de mis curiosidades. Me he dejado interpelar por los acontecimientos y he cuestionado mi modo de pensar cada vez que el acontecimiento lo contradecía.
De los veinte a los treinta años tuve la suerte de haber asistido a la escuela de la vida y de haber respondido a las necesidades de mi espíritu. No he dejado de ser estudiante porque he sido investigador en el sentido pleno y existencial del término. Fui y he seguido siendo un estudiante que elige a sus educadores, y liba a la vez de la cultura universitaria y entre los autores ignorados o excluidos por esta cultura. En cierto sentido soy fruto de la cultura universitaria; en otro sentido mi indisciplinaridad y mi transdisciplinaridad hicieron que su alto mandarinato me condenara durante decenios. ¡Cuántos desdenes me ha valido, entre los educadores, mi deseo de educarme! Soy, sigo siendo estudiante siendo autor y porque soy autor.
Es muy difícil evitar el egocentrismo intelectual que consiste en considerarlo y juzgarlo todo colocándose, naturalmente, en el centro del mundo. El observador/concebidor debe incluirse en la observación y la concepción. El conocimiento necesita el auto-conocimiento.
También en mí, evidentemente, funciona la máquina mental de autojustificarme, pero me parece que mi latente sentimiento de culpabilidad y, sobre todo, mi auto-examen crítico, le ponen freno. Siento, como todo el mundo, resentimiento y rencor, pero el ejercicio autocrítico me ayuda, si no a superarlos, al menos a no permitir que me superen. El auto-examen no es sólo mi parachoques: me impide ocultarme en exceso, a mí mismo, mis negligencias, mis desfallecimientos, mis inconstancias, mis errores y mis estupideces…
Precisamente porque he querido establecer la comunicación, nunca he podido encerrarme en la sociología cerrada, la antropología cerrada, la filosofía cerrada o la ciencia cerrada. Así llegué naturalmente a ir y volver entre la cultura humanista y la cultura científica. Durante aquellos años no me forjé una verdadera cultura científica, es decir que pasara por los departamentos de ciencias de las universidades, y que respeta la compartimentación pluridisciplinar. He querido introducir la cultura humanista en la cultura científica, y la cultura científica en la cultura humanista, para establecer un diálogo que las modifique a ambas.
Es, pues, mi deseo, mi preocupación por ser culto, lo que me vale sarcasmos. Y sólo recientemente he comprendido que mi aberrante singularidad no es otra que mi mensaje universalista: hay que ser culto. Lo que hoy debiera significar «ser culto» no es permanecer encerrado en la propia especialización ni satisfacerse con ideas genéricas nunca sometidas a examen crítico porque no son conectables a conocimientos particulares y concretos. Es ser capaz de situar las informaciones y los saberes en el contexto que ilustra su sentido; es ser capaz de situarlos en la realidad global de la que forman parte, es ser capaz de ejercer un pensamiento que, como decía Pascal, alimenta los conocimientos de las partes con los conocimientos del todo, y los conocimientos del todo con los conocimientos de las partes. Es, por ello, ser capaz de anticipar, no de predecir, claro, sino de considerar las posibilidades, los riesgos y las oportunidades. La cultura es, en suma, lo que ayuda al espíritu a contextualizar, globalizar y anticipar.
Intento ser culto, interesándome no sólo por los grandes escritos de la literatura, por los problemas clave que tratan las ciencias, sino también por los mil detalles que tejen la vida cotidiana. Intento ser culto sobre los cambios en el orden del conocimiento. Hasta hace poco leía las revistas Science y Nature, sigo leyendo revistas científicas y no científicas, pequeños boletines, textos y artículos sobre los problemas del mundo, publicaciones diversas (como Time Magazine y sobre todo el poliscópico Courrier international); siempre vi y sigo viendo a gente de distintas competencias y opiniones opuestas, lo que me permite conocer y examinar continuamente la multiplicidad de los puntos de vista. Sigo libando en mil flores de las que me nutro, intento reunir lo esparcido, sparsa colligo pero leo mucho menos, abandono vastos jirones de la actualidad del saber, no puedo ya agitar mis pseudópodos en todas direcciones y, sin embargo, estoy siempre al límite de la dispersión. Cultivarse es una aventura peligrosa.
La dispersión es la amenaza permanente que gravita sobre mi apertura y mi búsqueda. Todavía hoy intento, día tras día, aprehender el mundo en su multiplicidad y su devenir. Quisiera detenerme, dejar de instruirme… Todo lo que leo dispersa mi reflexión y, al mismo tiempo, la estimula… Sin embargo estoy desbordado; los textos, artículos, libros que debo leer se amontonan, se esparcen, me ahogan… Pese a mi conciencia cada vez más aguda de lo inacabado y lo inacabable, sigo lanzando mis redes para pescar el océano.
Nunca dejé de ser un caminante. Mi vida ha sido y sigue siendo una vida móvil, errante, en meandros, impulsada por mis aspiraciones múltiples y antagónicas. He obedecido con continuidad a mis demonios, pero acontecimientos y azares han aportado discontinuidades, transportándome adonde ignoraba que debía ir, pero donde encontraba de nuevo mis demonios. He ido sin cesar de un medio a otro, he circulado por la sociedad, por las sociedades, me he negado a dejarme encerrar en la casta (intelectual, sobre todo). He sido fiel a la «concepción sintética de la vida».
Creí que mis «travesías del desierto» se alternaban con oasis, de hecho, los oasis del alma y del corazón me acompañaban en las travesías del desierto. He sufrido la alternancia travesía del desierto/oasis como un destino impuesto desde el exterior por las condiciones históricas en las que me he hallado. En cambio, de un modo muy interior, muy personal, he sido animado por los dos demonios contrarios de la dispersión y la reconcentración. Varias veces me he dispersado hasta desparramarme, pero, en mis períodos de reconcentración, he podido reunir o utilizar los materiales adquiridos en la dispersión. Y estos ciclos de travesía del desierto/oasis, de dispersión/reconcentración, de recomienzo, han constituido mi propia andadura.
No es el camino que yo me tracé, sino el que trazó mi caminar: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
No dejé de ser independiente, de estar al margen de cualquier partido, aunque participando cuando lo creo conveniente en las ligas, asociaciones o clubes. Nunca he hablado como experto o en nombre de una mítica autoridad sociológica, sino sólo en mi propio nombre. Siempre me he negado a la denuncia y a dejar al margen del debate a mis adversarios intelectuales. A menudo he permanecido solo porque no pienso de acuerdo con las alternativas y las evidencias de la casta intelectual.
Y yo soy racional, pero no entre los racionalistas; místico, pero no entre los místicos; tengo fe, pero no entre los creyentes en religión.
El aumento de la comercialización y el aumento de la selección provocan, sin duda, una disminución de la bio-diversidad intelectual. Sin embargo el sistema no puede prescindir de novedad, de originalidad, de invención, no puede evitar el riesgo cuando quiere beneficiarse de la suerte, y sigue criando en sus cuadras a jóvenes autores. En este mundillo me resulta cada vez más penosa la implacable crueldad de los matones intelectuales, promovidos por la selección darwiniana porque desean ferozmente cada vez más gloria y poder. Aunque no he buscado ni adoptado posiciones de control o de poder, aunque no me he integrado en una red, sin desearlo he hecho sombra a los insaciables que pretenden concentrar en su persona todos los rayos del sol. Sin embargo, gracias a mis amistades, he escapado a varias aniquilaciones.
Mi auto-ética depende, en cierto modo, de mi carácter, que es más bien bonachón. Sin haber intentado nunca adquirir poder, no he tenido que entregarme a los manejos e intrigas de ambiciosos y asesinos. Naturalmente no pongo zancadillas ni doy golpes bajos. No respeto la ley del hampa. Me siento vegetariano en un mundo carnívoro. Soy ciertamente capaz de malos pensamientos, pero no duran demasiado y basta con muy poco para apaciguarlos. El recuerdo de una fechoría cometida contra mí desaparece, en mí, al cabo de diez años, como si la prescripción se efectuara de un modo natural…
Mi horror por la exclusión procede sin duda de la experiencia judía, pero eso no basta; los mismos judíos o israelíes rechazan y excluyen a los árabes. Yo había universalizado ya mi aversión por todo lo que ofende, y el autor de Humillados y ofendidos había sabido hacerme aborrecer cualquier humillación infligida a otro, sea quien sea. Odio, pues, el odio, desprecio el desprecio, rechazo lo que rechaza. Jamás realicé ese primer gesto de exclusión que es negar la mano a quien la ofrece. Nunca he anatematizado, nunca he pedido la prohibición de una voz, de una idea, de una música. Así mismo, la prohibición de Wagner tras la declaración de guerra de 1939 en Francia, como esa misma prohibición en Israel, no sólo me parecen absurdas sino también portadoras de un germen repugnante. Para no permitir que la música se contaminara con algo distinto a ella misma, asistí al concierto dado por la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Fürtwangler en Lyon, en 1942 o 1943, concierto que los resistentes habían decidido boicotear.
Siempre he concedido, naturalmente, la primacía a la amistad sobre los intereses, las relaciones y la ideología. No he roto con mis amigos que, a partir del pacifismo, se habían deslizado, habían derivado hacia la colaboración. La calidad de la persona me importa más que la calidad de sus ideas u opiniones. Como dice Lichtenberg, «regla de oro: no juzgar a los hombres por sus opiniones, sino por lo que sus opiniones hacen de ellos». Mi principio es que la amistad atraviesa las diferencias y las oposiciones políticas. Y porque creo en la amistad ésta es, para mí, trans-política, trans-clasista, trans-étnica y trans-racial.
Y he aquí, más fuertes que nunca, más complementarias que nunca en su antagonismo, mis cuatro polaridades: la duda, la fe, el misticismo, la racionalidad. Éste es el nudo de «mi» complejidad, complejidad que me ha preocupado siempre, hasta la emergencia del pensamiento complejo.
El pensamiento complejo no termina con el asombro. Todo me asombra, siempre, cada vez más. Estar aquí, vivir, morir, ver las caras por la calle, mirar mi gata que me mira… Todo es increíble… Mi conciencia se asombra de que yo sea un ser físico, una máquina, un autómata, un poseso, y se asombra de ser consciente entre tanta inconsciencia.
Estoy rodeado de misterio. Tengo la sensación de caminar en las tinieblas rodeado por galaxias de luciérnagas que, al mismo tiempo, me ocultan y me revelan la oscuridad de la noche.
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El pensamiento complejo: La propuesta sistémica de Edgar Morin (blog Luna Antagónica)
El pensamiento complejo: Antídoto para pensamientos únicos (avizora.com)





on June 25th, 2007 at 6:40 pm
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on June 25th, 2007 at 6:54 pm
[...] Más info sobre Edgar Morín en Perú [...]
on October 1st, 2007 at 7:36 pm
Me gustaria poder ver los videos de edgar morin los cuales ya no estan disponibles.
Gracias por su atencion